Las Cuatros Etapas

Hoy vamos a hablar de las cuatro etapas del dolor, bajo la experiencia de Jesucristo, puesto que es muy importante lo que Jesús vivió y enseñó.

El texto de estudio es Mateo 26:36-46.
36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. 37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera,
38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
40 Vino luego a sus discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?
41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
42 Otra vez fue, y oró por segunda vez diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
43 Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.
44 Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.
45 Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
46 Levantaos, vamos; ved, se acerva el que me entrega.
Si buscamos esta palabra en un diccionario de la lengua española encontraremos la siguiente definición: “el amor es un sentimiento de afecto hacia algo o alguien”, es decir, todavía se define el amor desde el punto de vista de las emociones, se le entiende como un sentimiento. Esto reduce el amor al sentimentalismo, que cuando hay sentimiento hay amor, cuando no lo hay, ya no hay amor. Pero Jesús no lo entendía de esta forma.
Recordemos que en el griego hay varios tipos de amor (Obs.: entendían el amor como una forma de unirse con otra persona o algo). Algunos de ellos son:

Este pasaje nos presenta un momento muy difícil que vivió Jesucristo antes de morir. Yo tengo una teoría y se las voy a compartir. Jesucristo vivió la muerte antes de la crucifixión, él vivió el dolor de la crucifixión antes de ser crucificado. Él vivió el dolor de la cruz desde el punto de vista de las emociones, y esto lo confirman los psicólogos. Hay dolores que son más fuertes desde el punto de vista emocional que el propio dolor físico. Aquí Cristo está viviendo una batalla fuertísima y yo digo que fue en el Getsemaní donde Cristo nos redimió, porque fue aquí donde él pudo decir “no muero”. Vamos a ver por qué. Este pasaje se ubica en un contexto después de la última cena y unas horas antes de la cruz. En ese escaso lapso de tiempo, después de la cena de pascua, y antes de que sea enjuiciado en el sanedrín y antes de que sea enjuiciado por Poncio Pilato, Gobernador romano, Jesús vivió el dolor más grande desde su corazón y aquí hay cuatro etapas del dolor. Ustedes se van a identificar con Jesucristo hoy. Todos hemos vivido las cuatro etapas del dolor que Cristo vivió porque Cristo se hizo humano como nosotros cien por ciento. Empecemos a describir y usted vaya identificando en qué etapa se encuentra en su situación de dolor.

1. Primera etapa: Jesús cuando comió ya comenzó a vivir la agonía, sabía que lo iban a matar y que venían a buscarlo. Empezó a vivir el dolor por adelantado como cualquier ser humano.
Por ejemplo: Cuando a cualquiera de nosotros nos dicen: usted tiene cáncer y le quedan tres meses de vida. Usted no se alegra, todo lo contrario, empieza su calvario y comienzan las cuatro etapas del dolor.
Lo mismo con una mala noticia, tal como que el banco quebró y perdió todo su dinero, o se quedó sin empleo, o que le digan que se murió su cónyuge o su hijo o cualquier noticia que le tire al piso.
Cuando Cristo ya sabía que se acercaba la muerte empieza las cuatro etapas del dolor.
La primera etapa es “buscar compañía”. Lo fundamentamos con el versículo 36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. 37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera, 38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
Cristo no quería pasar los momentos más tristes emocionalmente solo, que hizo Jesús, se rodeó de los discípulos, se los llevó al Getsemaní.

Él quería compartir su angustia con un grupo íntimo de amigos. Seleccionó a tres, a los dos hijos de Zebedeo y a Pedro, los llevó a un lugar más íntimo, y les dijo velad conmigo.

En el texto griego lo dice mucho mejor: “por favor no me dejen solo” porque tengo miedo y estoy pasando por el momento más duro de mi vida. Así es que la primera etapa del dolor es buscar compañía.

Cuantas personas ya han vivido eso, cuando se viene el tiempo de angustia lo primero que sentimos es una sensación de soledad.

Cuando nos entregan la peor de las noticias, lo primero que queremos hacer es pasar ese momento difícil acompañados porque tenemos miedo de estar solos.

Cuál es el consejo, cuando estén pasando por momentos duros, siempre busquen compañía como lo hizo Jesucristo. Compartir el dolor con alguien, compartir la miseria humana, yo escribí un libro que se llama “La miseria de la existencia humana”, compartir con alguien, pero aquí hay algo importante, es saber con quién comparto mi fracaso, no cualquier persona es digna para que me acompañe porque puedo ser traicionado o traicionada. Siempre cuando se está pasando por momentos difíciles está muy bien que busquen ayuda.

Y es bueno sentirse acompañado por gente de entera confianza, gente que va a respetar su dolor y no se va a burlar de su fracaso. Gente que va a hacer una reverencia ante tu miseria, gente que te va a abrazar y no te va a traicionar. Sepan con quien compartir, porque todos hemos vivido un momento de dolor y si no lo han vivido, lo van a vivir porque Cristo lo vivió.

2. Segunda etapa: del dolor, según el huerto de Getsemaní. Aunque estemos acompañados, aun así, nos sentimos solos.

Miren lo que dice: 38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. 40 Vino luego a sus discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?

Está demostrado psicológicamente, en la primera etapa yo busco compañía para que me ayuden a cargar mi dolor, pero cuando yo empiezo a transitar por el camino del fracaso, cuando empiezo a adentrarme en la mala noticia y empiezo a vivir el cáncer, empiezo a vivir la traición, el desempleo, la pérdida de un ser querido, hay un momento que mis amigos y familiares me acompañan, pero hasta cierto punto porque hay una parte del dolor que le toca vivirlo a usted solo.

Ya el dolor no es del amigo, de la mamá o del familiar que le acompaña, está demostrado científicamente que ni la madre puede acompañar al hijo en todo el recorrido del cáncer, caminará un buen trecho, pero ya llegará el momento que deberá caminarlo solo.

Deberá caminar por el túnel solo, porque el dolor no es de los demás, es “su dolor”. Lo acompañarán hasta donde puedan acompañarlo, pero el otro tramo lo deberá vivir solo, y ahí llega el momento que más se siente miserable, porque descubre que, aunque esté rodeado de gente, se siente solo, porque ellos no le van a entender la dimensión del dolor.

Cristo lo vivió y se lleva a sus tres amigos pensando que con ellos encontraría la solución de la compañía. Pero ellos todavía no entendían el dolor que Cristo llevaba por dentro, tenía su corazón destrozado.

Y cuando él regresa, y piensa que lo estaban acompañando en su dolor, los encuentra durmiendo. Aquí Cristo entiende una triste realidad. Ese dolor no les toca vivirlos a ellos, ese dolor es de él y aunque ellos sean solidarios y amigos, jamás van a poder entender la magnitud del dolor.

En nuestro caso, cuando estamos en sufrimiento, en el fracaso, cuando el dolor se vuelve intenso, nos sentimos huérfanos, abandonados, vulnerables, que nadie nos entiende, donde la esperanza se borra.

Cristo lo vivió y nosotros también lo vivimos de una o de otra forma.

3. Tercera etapa: Esta es la etapa más peligrosa y delicada. El momento de la toma de decisiones. Mire que Jesucristo dijo aparta de mi está copa, es decir que Jesús pensó en no morir y no es para menos porque venía la crucifixión y vino el miedo.

39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

Ustedes saben que el Nuevo Testamento se escribió en griego, la traducción al español de la Reina Valera no me gusta, he revisado este texto en griego y es impresionante.

En un manuscrito Alejandrino se los voy a transliterar de esta manera, dice: Jesús con lágrimas en los ojos le dijo al Padre, no quiero morir, tengo miedo y resulta que hay un vacío y en el otro papiro dice, hágase tu voluntad, aquí da a entender que fue rápido que Jesús reflexionó, dijo si es posible, pase de mi esta copa, y al segundo dijo hágase tu voluntad, pero no es así.

En el manuscrito griego es Padre, con llanto, no quiero morir en la cruz, tengo miedo y se acabó el párrafo. Cuantos minutos se tomó de la incertidumbre si moría o no moría, no se sabe, pero sí reflexionó Jesús.

Comenzó a tomar una decisión, moriré o no moriré, tenía que salir de la duda, y sabe usted que
es lo que lo mata a uno es la incertidumbre, la duda, el signo de interrogación a uno lo mata.

Cuando uno toma una decisión y llega a un acuerdo uno comienza a descansar, y Cristo todavía no estaba seguro, él ya había dicho que iba a morir, pero cuando estuvo cerca ya comienza el sufrimiento. Cristo si pensó en no morir.

Piense que hubiera pasado si Cristo hubiera dicho yo no voy a la cruz, todo hubiera cambiado. Cristo pensó que hacer, tomó una decisión inteligente, las decisiones más inteligentes son las más difíciles. Pero las decisiones fáciles a la larga pueden ser las más crueles. Puede ser que esa decisión fácil puede satisfacer por uno o dos días, pero después te pasa factura. En cambio, las decisiones más difíciles, a la larga te dan felicidad.

Que hubiera pasado si Cristo hubiera dicho no muero en la cruz, hubiera estado en la etapa del pecado de la desobediencia con su padre. Y aquí en la tercera etapa debemos hablar sobre el pecado porque es uno de los momentos cuando se pueden tomar falsas decisiones y se puede coquetear con el pecado.

Hay un texto que vamos a analizar, en Génesis 3, se presenta el pecado en una doble dimensión. Primera dimensión, se presenta como un bien subjetivo, personal, pero a la corta o la larga se convierte en un mal objetivo.

Todos los seres humanos hemos pecado, y ¿por qué? Porque siempre el pecado se presenta como un bien apetitoso, como un bien subjetivo, que aparentemente responde a mis necesidades. Pero, aunque sea un bien apetitoso a la larga se convierte en un mal real, porque te pasa la factura. Analicemos el pecado desde el punto de vista psicológico con Eva.



Por qué la serpiente pudo engañar a Eva con éxito, porque la serpiente presentó la desobediencia de comer el fruto prohibido como un bien apetitoso y subjetivo, y le presentó este bien con psicología y le dijo: mujer, si comes de este fruto, va a suplir sus necesidades básicas como saber el bien y el mal.

Entonces cuando le tocó el área de la sensibilidad humana, el área de sus necesidades, ella dijo sí comeré.

Esto se llama que la primera dimensión del pecado es un bien subjetivo, pero después cuando ella come se da cuenta que viene un mal objetivo.

Es un mal objetivo porque se despierta en una pesadilla que te pasa la factura.
Jesucristo tuvo que tomar una decisión, en ese momento que era lo más conveniente para Cristo, no morir, porque era un bien subjetivo y respondía a sus necesidades.

Pero vamos a reflexionar en la posible consecuencia de Jesús, si el dijera: no voy a morir, lo que me conviene es evitar la muerte, me voy a vivir a Galilea, bien subjetivo.

Con el transcurrir de los años Jesucristo hubiera visto a la humanidad caída y sentiría un cargo de consciencia, llevo 100 años de haber tomado la decisión de no haber muerto en la cruz y veo una humanidad que se hunde en el pecado.

El mundo se pierde, el diablo reina, debí morir, debí tomar la decisión más difícil pero la más inteligente, si yo hubiera muerto estaría reinando con mi Padre y viendo a la gente feliz.

Cristo tomó una decisión inteligente, la más difícil pero la más segura y madura.

Decidió enfrentar el dolor de una vez para siempre.
La moraleja es que, si ustedes están pasando por momentos difíciles, y les toca enfrentar la tercera etapa del dolor, las mejores decisiones son las más difíciles pero las más seguras. Cristo hizo lo correcto y es el reto para todos nosotros.

Tomar decisiones correctas, aunque son las más difíciles.

4. Cuarta etapa: Aceptación de la realidad. El desenlace. Cuando Cristo decidió morir, cuando tomó la decisión se quedó tranquilo, aceptó la realidad.

Como yo llamo a la cuarta etapa, “Aceptación de la realidad”. Veamos juntos el momento cuando Cristo decidió morir, cuando lo pensó, reflexionó y descansó.

Él ya estuvo tranquilo, lo vivió con seguridad. Fue en el Getsemaní donde sufrió y para mí es ahí donde nos redimió.

43 Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.

44 Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.

45 Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.

46 Levantaos, vamos; ved, se acerva el que me entrega. Jesús cambió de actitud y la decisión que tomó es aceptar la realidad y eso provocó el descanso.
A muchos nos toca tomar decisiones en medio del dolor. Las decisiones más inteligentes, son las más difíciles, pero las más seguras. Sepan tomar las decisiones en medio del dolor, el fracaso. No se dejen seducir por las decisiones fáciles que a la postre hunden.